Hoy recomendamos: La chica de la Leica

Esta semana, en el espacio de libros de Hoy por hoy Cuenca, en Ser Cuenca, hemos recomendado La chica de la leica, de Helena Janeczek, publicada por Tusquets en 2019.
Helena Janeczek es una novelista italiana de origen alemán.

Nació en Munich, de una familia de judíos polacos que sobrevivieron al Holocausto. Se mudó a Italia cuando tenía 19 años y ha vivido allí desde entonces.

Su primer libro se publicó en 1997 con el título “Lecciones de la oscuridad” y en él hacía un recuerdo precisamente de su historia familiar. Y también está ambientada en la II Guerra Mundial su segunda novela, “Las golondrinas de Montecassino”, publicada en el año 2020 y que se centra en un grupo de soldados que luchan en la batalla de Monte Cassino.

En 2018, ganó el Premio Strega, el prestigioso premio italiano de literatura, por el libro “La chica con el Leica”.

De qué trata La chica de la Leica

Reconstruye la vida de la fotógrafa Gerda Taro, seudónimo de Gerta Pohorylle, que al igual que la autora tenía origen alemán, y que huyó de su país ante el auge del nazismo.

Gerda Taro fue una de las primeras mujeres fotoperiodistas de guerra y además creadora del famoso alias Robert Capa. La novela nos habla de su magnetismo, sus ansias de libertad, de su compromiso político y de su independencia.

Es importante aclarar que no se trata de una biografía al uso, ni una biografía novelada porque no se centra solo en la figura de Gerda, sino que va reconstruyendo el ambiente, la situación histórica y social que llevó a que se creara este personaje.

Cuál es este contexto histórico

La narración se centra en tres amigos de juventud de la fotógrafa conocidos en sus años alemanes: la joven Ruth Cerf, con quien vivió en París tras su huida de Alemania; el médico Willy Chardack, y Georg Kuritzkes, combatiente en las Brigadas Internacionales. De hecho, la novela está estructurada en tres capítulos, uno dedicado a cada uno de ellos.

Desde los años en que luchan contra los nazis en Leipzig y Berlín, lo que lleva a Gerda a ser detenida en 1933 por hacer campaña contra el gobierno hasta el exilio de todos ellos a París, y más adelante, a EEUU o a Italia.

Cómo recuerdan sus amigos a la protagonista, a Gerda

Nos la describe como una mujer fascinante, con un gran magnetismo personal, muy independiente y con mucha vitalidad y energía. Pero para la autora es importante el contexto en el que vivió y el círculo social que frecuentó, porque formaba parte de un grupo que alimentaba su forma de ser, tanto en su manera de posicionarse en la vida como en la ideología, además eran relaciones muy fuertes ya que al ser todos exiliados en París se apoyaban entre ellos.

Precisamente a través de sus círculos de amigos que frecuentaban los cafés parisinos, como conoció tanto la fotografía como al que sería su pareja y socio: el emigrante húngaro André Friedmann. Era amiga e inquilina del matrimonio formado por Fred y Lilo Steiner, y fue el famoso fotógrafo Fred Steiner quien compartió sus primeras nociones de fotografía con ella, cuenta la novela que le seguía a todas partes interesándose de manera compulsiva por todo el proceso, incluido el revelado, y que se lo planteó como alternativa profesional mucho más interesante y creativa que la mecanografía debido a su carácter inquieto.

Cómo nace Robert Capa

Gerda y André tuvieron una relación con de altibajos, pero profesionalmente constituyeron una de las carreras fotográficas más importantes del siglo XX.

Gerda ya había adoptado un nombre artístico y ayudó a André Friedman a buscar otro nombre con más gancho para el público parisino (que estaba lleno de emigrantes judíos) y así entre los dos inventaron a Robert Capa, que no era solo un seudónimo, sino un personaje, un rico y famoso fotógrafo estadounidense, que trabajaba por afición. Pensaba que esta treta publicitaria les permitiría cobrar honorarios mucho mayores que si era un desconocido.

Entonces deciden documentar la Guerra Civil.

Este nuevo trabajo como fotoperiodista se une al compromiso político de Gerda y deciden venir a inmortalizar la guerra española, y a pesar del riesgo que entrañaba nada ni nadie fue capaz de disuadirles de participar.

Recordemos que la novela nos muestra a una serie de personajes que habían adquirido un compromiso político, y La Guerra Civil española se entendía en este momento un conflicto determinante para el futuro de Europa.

La autora piensa que dice mucho del carácter de ambos que con poco más de veinte años fueran capaces del humor “de combinar esas pequeñas triquiñuelas de héroes picarescos como los seudónimos y otras pequeñas trampas, con el compromiso y las ganas de luchar contra el fascismo, de venir a España”. El trabajo en España suponía una posibilidad de encumbrarse en su carrera fotográfica pero también un compromiso.

La fotografía es parte fundamental en el libro

Para esta generación comenzaba a ser importante los medios de comunicación de masas y además, en esos años se democratizó el precio de las cámaras. Precisamente la elección de la marca de la cámara en el título no es arbitraria, ya que Leica fabricó la primera cámara de un tamaño pequeño, fácil de llevar y que se podía disparar sin necesidad de montar un trípode, por lo que se convirtió rápidamente en un objeto de culto para los fotoperiodistas.

La experiencia de Robert Capa en España

Aunque cada uno publicaba de manera independiente en un periódico, también vendieron las fotos de ambos conjuntamente como de Robert Capa para cobrar más. También las cedían gratis a publicaciones de propaganda de la república.

Desgraciadamente, Gerda perdió la vida arrollada por un tanque cuando aún no tenía 27 años y decenas de miles de personas, tanto anónimos como personajes de la cultura como Cartier-Bresson, o Giacometti, acudieron al cortejo fúnebre que recorrió las calles de París unos días después, en agosto de 1937.

Fue por la primera fotoperiodista mujer en perder la vida en el campo de batalla y una de las pioneras de la fotografía bélica, y sin embargo permaneció en el olvido durante décadas, y quizá aún sea desconocida para muchos que relacionan el nombre de Robert Capa solamente con el de Friedman. El hecho de que ambos tomaran fotografías y las vendieran o cedieran con el seudónimo de Capa hace que sea imposible saber a quién pertenecen realmente muchas de las fotografías que tomaron.

Cuando ella falleció, Friedman siguió trabajando con el seudónimo de Robert Capa hasta su muerte a los 40 años al pisar una mina terrestre mientras fotografiaba la guerra en Indochina en 1954.

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