martes, febrero 07, 2017

Los últimos. Voces de la Laponia española

Paco Cerdá. Los últimos. Voces de la Laponia española. Ed. Pepitas de Calabaza. 2017
Es un ensayo, un relato a mitad de camino entre el estudio, el libro de viajes y el reportaje periodístico sobre una zona española, la Serranía Celtibérica. Se trata de unas tierras que hace 2000 años habitaron los pueblos celtas, y que abarcan pueblos de 10 provincias: Guadalajara, Cuenca, Teruel, el interior de Valencia y de Castellón, el Suroeste de Zaragoza, toda Soria la mitad meridional de la Rioja, el sureste de Burgos y el nordeste de Segovia. En total, 65.000 kilómetros cuadrados.

La zona incluye 1355 municipios, casi la mitad tienen menos de 100 habitantes, y solo 5 superan 5000 vecinos, entre ellos, Cuenca. Lo más alarmante es que esta zona, la Serranía Celtibérica, ha perdido a la mitad de su población desde 1930, mientras que España en general la ha duplicado.

Cerdá se plantea qué futuro les espera a todos estos pueblos que apenas tienen vecinos, que están en riesgo de desaparecer y en los que -por una parte- se puede disfrutar de la paz y del sosiego pero por otra caen irremediablemente en el olvido y el desarraigo.

El autor parte de un proyecto realizado por un catedrático de la Universidad de Zaragoza, Francisco Burillo. Es quien ha estudiado despoblación en esta zona que sobrepasa los límites administrativos y que nunca antes se había considerado como una unidad.

Pero lo que convierte esta zona en la “Laponia española” no es la poca cantidad de habitantes sino la baja densidad de población. La Unión Europea cataloga como “Región escasamente poblada” aquélla que tiene menos de 8 habitantes por km2. (la media comunitaria es de 113). Según los estudios del equipo del profesor Burillo, la única gran zona de Europa que también cumple este criterio es la Serranía Celtibérica, con una media de 7,34 habitantes por km2.

Señala también un problema no solo de despoblación sino de desarticulación, y señala como causantes de este proceso las acciones políticas, (o la omisión de las misma), que provoca que la población emigre de la zona sin relevo generacional con la consiguiente desaparición de una cultura milenaria. Lo compara con lo que sucede en Laponia donde la población recibe ayuda y estrategias para fijar a la gente a su territorio y permitir su desarrollo.

A parte de la explicación académica, de los estudios y de los datos, que el autor nos va aportando a lo largo del libro, nos cuenta las historias cotidianas de estos vecinos, habla con ellos, de sus vidas, sus expectativas; les pregunta si cambiarían de vida, si acusan la soledad, si se arrepienten de haberse quedado. Explica también la situación que encuentra en cada aldea: los servicios básicos, la sanidad, la educación, cómo sobreviven día a día…

Dedica un capítulo a cada provincia, y elige para las entrevistas a personas pertenecientes a distintos ámbitos: pastores, personas mayores, un maestro, un ex -camionero en paro que se ha mudado de una gran ciudad, un niño –el único del pueblo- un monje del monasterio de Silos, en Cuenca habla con los responsables del equipo de fútbol de Campillo de Altobuey; habla con los de la plataforma “Teruel existe”, habla de los maquis en Valencia… También charla con Julio Llamazares, autor de La lluvia amarilla.

Todas estas historias avanzan intercaladas con las reflexiones del autor que va uniendo los datos que maneja con las impresiones que le causan los relatos de los vecinos. A pesar del rigor en la documentación y las entrevistas, el tono del libro no es el de un estudio: es un relato muy literario; Cerdá describe con un tono muy lírico sus sensaciones al enfrentarse a la soledad, el silencio, los efectos en definitiva de la despoblación.

Mantiene una cierta distancia respecto las opiniones de los demás (de los que no cambian su pueblo por nada y de los que cuentan todos los inconvenientes; los que se han conformado y los que han optado por esta vida como una alternativa al capitalismo), Hay una cierta nostalgia de una época mejor pero también una constatación de la dureza que implica este tipo de vida, lejos de idealismos y utopías.

El autor deja constancia a lo largo del relato de sus sensaciones frente a la desolación y el abandono, este duro viaje en invierno que le parece una especie de tapiz en el que solo hay ocres… Como dice al comienzo del libro, lo que ha encontrado es “una zona condenada a su inmediata extinción. La Laponia del sur. El vacío”.

Nuestra recomendación en el programa "Hoy por hoy Cuenca" de la Cadena Ser Cuenca, el 06/02/2017

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